lunes, 7 de junio de 2010

JUNIO 10 YO CONTRA EL MUNDO


NICOTINA
(por Eva Ortiz)

Se han escrito centenares de libros sobre las glorias de la era isabelina, el más sublime periodo en nuestra historia, en el que los enardecidos ingleses acometían gestas inmortales. El patrimonio que nos legaron fueron sus logros y nobles ambiciones (...) Tanto se ha escrito al respecto, que la lectura de estas brillantes explosiones sobre la era isabelina evoca en nuestras mentes un redoble de un tambor. Pero, ¿por qué estuvo este periodo más maduro para las grandes gestas y la noble literatura que ningún otro en la historia de Inglaterra? Todos sabemos cómo responden a eso los historiadores y críticos de ayer y de hoy; pero nuestros corazones y nuestros cerebros nos dicen que yerran. Debido a un asombroso descuido no han mencionado siquiera la Infuencia del Tabaco. Bien se podía haber llamado a la era isabelina la era del tabaco. De las personas sin prejuicios que han reflexionado sobre el asunto, no hay una sola que ose cuestionar lo apropiado de una división de nuestra historia en dos periodos: el pretabaco y el del tabaco.
Con esta magnífica lectura he estado aplacando mi ira toda la semana. A pesar de lo que podáis pensar, no soy dada a los ataques de ira, sí a los de indignación, claro. Pero lo que me pasó el otro día merece el nombre de ataque de ira o de cabreo de tres pares de... estaba yo en el bar donde suelo ir a tomarme el vino dominguero (armada con mis dos periódicos más suplementos más revista del corazón más cutre- película promocional) y oigo al tabernero más eficiente de España quejarse sobre la próxima ley antitabaco: a saber, papa Estado, está preocupadísimo por la salud de sus ciudadanos, sobre todo por todos aquellos a los que los viciosos irreductibles y dañinos fumadores infectamos con nuestros letales y malintencionados humos. Y para resolver tan prioritario problema de los españoles, han decidido prohibir el tabaco en los bares. PROHIBIR. Así por las buenas. A partir del próximo otoño ya no se podrá elegir entrar en uno de esos anodinos y sanos bares para no fumadores. Desde septiembre TODOS serán así. Es que es muy duro. Mis amigos, SOCIALISTAS, han decidido realizar el mayor recorte social de todos los tiempos. Han reducido las PENSIONES, han bajado los sueldos de los FUNCIONARIOS, han subido los impuestos a los CIUDADANOS, han prohibido (¡cómo les gusta!) los créditos a los AYUNTAMIENTOS en vez de quitarles las pelas a las autonomías (a ver si van a tener que quitar la embajada catalana en París, eso es impensable) y han subido el precio de los TRANSPORTES PÚBLICOS. Ellos solitos han conseguido el inigualable número de cinco millones de parados. Y como de todo esto se habla en la calle, evidentemente, han pensado lanzar una cortina de humo (nunca mejor dicho) para que estemos bien entreteniditos quejándonos de lo del fumeque. ¿Se pensarán esta pandilla de simples que porque no podamos fumar mientras nos tomamos un café o un vino (¡pero qué desgracia por Dios!) no nos vamos a enterar de lo que está pasando? Y conste que la ley antitabaco es una pena que pesa sobre mi alma todos los días y que todo mi ser rebosa deseos de venganza contra la clase de gente que me va a prohibir echarme el cigarro con la cerveza al salir del trabajo, pero hay un paso bien grande (seguramente en términos de escala evolutiva) de mi cabreo por no poder disfrutar de un vicio tan maravilloso a no indignarme y rasgarme las vestiduras ante esa especie de gestión farfullera e incompetente. No entiendo porqué nuestra todopoderosa clase dirigente (que no diligente, cuidado) cree que somos tan tontos ni tampoco porqué J. M. Barrie se hizo famoso por la historia de un niño esquizofrénico y paranoico que no quería hacerse mayor en vez de por ese escrito sublime que es Lady Nicotina.

J. M. Barrie. Lady Nicotina. Trama Editorial. Madrid, 2003. Págs. 83- 84.