YO CONTRA LOS "GRINCH"
(por Eva Ortiz)
A mí, me gusta la Navidad. Que queréis que os diga. Me gustan todas esas bombillas que adornan las calles y el Corte Inglés. Me gusta formar parte de ese éxodo masivo que allá por el 22 de diciembre inicia un viaje rápido con la única misión de reunirse con los suyos. Me gusta llegar a mi casa y que esté llena de gente revoloteando alrededor de los fogones, bebiendo vino dulce y parloteando todo el tiempo. Sé que hay por ahí una serie de cínicos ateos, agnósticos (estos son los que no se lo terminan de creer pero les asoma un por si acaso para cubrirse las espaldas, que oye, nunca se sabe...) jipis y progres trasnochados que dicen que la Navidad es para adictos al consumismo. A esos, los que disfrutamos con abundante y sabrosa comida, con la compañía (aún queda gente a la que le gusta su familia, de verdad), con los reencuentros, con las visitas que llegan de improviso y corriendo sólo para desearte que pases una buena noche. Los que no ponemos árbol de Navidad pero sí Belén (que culturalmente es lo nuestro, dicho sea de paso), y los que disfrutamos gastándonos la pasta para hacer uso del sistema capitalista ( y le pese a quien le pese, en eso estamos) para comprar regalitos a la gente a la que queremos, les decimos:¡a currar la noche de Nochebuena y Navidad!
A los que argumentan que no celebran la Navidad porque no son católicos, los que hemos dejado ese tipo de argumento pueril y falaz porque la Navidad no es sólo celebrar el nacimiento de un supuesto Mesías, los que hemos visto que más allá del hecho religioso hay un punto de encuentro cultural y social, los que no nos ruborizamos por querer lo que no hemos elegido pero nos ha tocado les decimos: ¡a vivir al monte!
A los que te felicitan con un ¡felices fiestas! En vez de con ¡Feliz Navidad! Los que nos no nos avergonzamos de nuestros orígenes, ni de nuestra historia y ni de nuestras tradiciones obsoletas y de derechas, les decimos que dejen de mirarse el ombligo y de paso de decir tonterías.
A los grinch estereotipados y postmodernos (pues sí, con t, ¿qué pasa?), que se empeñan en reventarnos unas sentadas de cuatro horas charlando tan a gusto, comiendo y bebiendo sin parar, mientras se reparten regalos a diestra y siniestra, les decimos que se queden, si quieren, solos en su casa rabiando pero con tres puntos de sutura en la boca, que no necesitamos recibir ningún adoctrinamiento de lo social- estalinista- políticamente correcto.
¡Feliz Navidad!